¡Combatientes por el Socialismo Científico!

¡¡Fortaleciendo la Unidad Popular Revolucionaria Antiimperialista hacia la construcción del Estado Obrero-Campesino y Comunal!! | Voz Proletaria | La Voz del Proletariado Venezolano

miércoles, 24 de enero de 2018

Del 23 de Enero al 13 de Abril

Por: Otto Van der Velde Q.
PRT-UPRA

Del ‘58 al 2002 mucha agua ha corrido bajo los puentes. En los 60 años de la insurrección popular del 23 de enero a la fecha, toneladas de material heroico se ha vertido sobre los importantes hechos políticos de la fecha. Con menos espectacularidad, pero igualmente matizado de literatura heroica, ha corrido la suerte de la insurrección popular del 13 de abril para muchos analistas, políticos y propagandistas. Particularmente la propaganda socialdemócrata y más ridículamente la copeyana, hicieron su agosto durante 50 años exprimiendo hasta la última gota el cliché de un 23 de enero como símbolo triunfal de la democracia representativa, la libertad y otros trapos rojos. Lo cual, obviamente, nunca fue ni democrático ni representativo; pero igualmente los nacionalistas bolivarianos han honrado los sucesos del 13 de abril de 2002, como el triunfo de la democracia participativa, lo que también tiene sus bemoles, aunque por otras razones.

No es la idea rebajar los caracteres heroicos de ambas acciones. Pero ni su apología ni su utilitarismo político nos interesan por los momentos. En cambio, sí no interesa extraer sus mejores experiencias en función del proceso revolucionario en marcha. Conocida la identidad básica común del 23 y el 13 de abril en materia de unidad revolucionaria y de protagonismo político fundamental de las masas –dos factores claves para el éxito popular de las primeras fases de dichos sucesos – cabría preguntarse ¿por qué en uno y otro se ha ignorado o subestimado dos elementos determinantes en los desenlaces del 23 de enero y del 13 de abril? Valga decir, la lucha de clases y el papel estratégico jugado por las vanguardias.

Naturalmente, sabemos que en todo caso la burguesía del orden y sus escribientes políticos, se cuidan de ocultar o de ignorar los fondos de la contradicción mencionada. Pero nosotros no tenemos por qué hacerlo, al contrario, debemos sacarlos a flote como arsenal de las experiencias acumulada del proletariado venezolano y posiblemente de otros países. Veamos pues, de forma muy simplificada por razones de espacio, los siguientes contrastes en uno y otro acontecimiento.

Como una primera similitud podemos anotar que ambas acciones de masas fueron exitosas, lo cual es bien importante, dado que la lucha de clases marchaba en función del poder político, no de pamplinas democráticas o libertarias en abstracto, como asegura en el reciente foro , la señora Isabel Carmona en nombre de Acción Democrática.

Esto, que no pasará como una perogrullada del PRT, nos sirve para calibrar el manejo de la dialéctica de clase por parte de las vanguardias del momento, el marco estratégico de cada componente y el por qué se completan y descompletan simultáneamente los resultados. El origen de las tesis y los autores que, en lugar de la continuidad revolucionaria cortan el ascenso de las masas hacia el poder político, desconexión evidente en cuanto a que el éxito insurreccional de los dos escenarios queda cortado en los períodos 58-60 y más tarde en el 2002-2004.

Una segunda identidad. Tanto en el 23 de enero como el 13 de abril, las masas rompieron con la vía electoral, trasladando las contradicciones políticas a la lucha de calle. La lucha de clases y la propia la unidad política en su seno rebasaron el marco institucional del sistema, acercándose a la consigna del proletariado . Esta posibilidad, que algunos activistas no entendieron en su momento (y aún no lo entienden), lo captó al instante la descuadernada burguesía en ambos períodos, trasmitiendo su horror a los reformistas. Queremos decir, que en ambas insurrecciones políticas existía la posibilidad de abolir .

Tercera semejanza. Las masas y sus elementos de avanzada ejercieron in praxis el poder paralelo, rompiendo de hecho con la institucionalidad del capitalista, que, en ambos casos se salvó de su demolición, justo por la línea política desacertada y discontinua que domino la vanguardia en los momentos coyunturales. Algo de eso hablaremos, más abajo. En ambos conflictos la línea dominante de vanguardia bloquea el ascenso ideológico y político de masas, desviando su atención hacia el objetivo democrático burgués. En 1958, tal giro se da con la línea "etapista" que se impone en la Junta Patriótica de consolidación del gobierno provisional, compuesto por figuras de la “burguesía nacional” que tampoco era tal; el 13 de abril se desvía el auge de masas con el perdón presidencial y un destemplado llamado a la unidad nacional que abarcaba a la propia burguesía golpista ignorando absolutamente lo que precisamente estaba en el tapete: la lucha de clases.

Tanto la acción política insurreccional del ‘58 como la prolongada lucha armada que le sigue hasta los años setenta e igualmente la insurrección de abril del 2002 cuyos efectos alcanzan directamente todos los hechos políticos del 2003 al 2005, imprimen un giro de 180 grados a la lucha de clases y la cuestión nacional venezolana. Por primera vez, la burguesía queda desnuda ante las grandes masas Después de ambas fechas ya nada será lo mismo. Los sucesos, ya desencadenados, actúan sobre las ideologías de masas e impactan la estrategia política de los partidos. Igualmente cambia la correlación política de fuerzas, dando un impulso cualitativo a la conciencia de masas sobre todo en las alas del proletariado urbano y rural. Poca gente de la vanguardia capta esos cambios de fondo fundamentales embobados por el triunfalismo.

En las narices del movimiento marxista, de los comunistas y del conjunto revolucionario, surge el problema de reordenar políticamente las fuerzas; cambiar los programas, sobre todo desplazar las concepciones democrático- burguesas y los grupos reformistas de sus filas. La gran burguesía, consciente del peligro que corre de darse una rectificación en las vanguardias responde fieramente. La lucha va de nuevo a la calle, a las fábricas y al campo. Las consignas y la conciencia de masas pasan de anti-dictadura a antiimperialismo, son los famosos días de Richard Nixon y de la tesis defensista del reformismo valga decir, estabilizar al gobierno provisional pequeñoburgués de Sanabria y Larrazábal, quienes pronto pasan el poder a las fuerzas neo-imperialistas de FEDECAMARAS, AD Y COPEI. El frenazo y las vacilaciones del 58-60 permiten la consolidación de las fuerzas burguesas y de inmediato el conocido baño de sangre con Betancourt y Caldera al frente.

Paradójicamente algo similar pasa en las filas del movimiento chavista después del 13 de abril: se dividen sus filas, un amplio sector cívico-militar chavista va a la derecha, pero otro perdona; la agudización de la lucha de clases empuja a la vieja derecha monopolista de Estanga y sus nuevos agregados al albañal de la Coordinadora Democrática; se radicalizan los sectores de abajo desechando las pamplinas terceristas. Se agudizan las contradicciones ideológicas y políticas en toda la sociedad. Las masas han vuelto a derrotar el gran plan de la burguesía que incluye la derrota del golpe imperialista de Giusti contra PDVSA, las acciones de los gorilas militares y el sostén de la insurrección del 13 de abril y de Chávez.

De aquí se deprende (hasta nuestros días) la poderosa e importante polarización política del pueblo, que enciende el fuego máximo de la lucha de clase, avivando un candelero que vuelve a atormentar a la burguesía y también al reformismo. Éste, a los pies aquella, no haya como apagar esa candela o desviarla hacia otro lado, hablando de consenso, amor y unidad nacional.

Se derrumba el viejo mito imperialista de que sólo los militares tumban gobierno y de que en última instancia, de ellos depende la situación. Son las masas y sus vanguardias revolucionarias, quienes en ambos casos han echado abajo el tinglado de la derecha. ¿Se incorporan militares patriotas? Sin duda, pero atraídos por la lucha, el programa de la vanguardia y la organización de masas. Esos son los casos de conspiraciones militares aisladas y sin éxito como la de Hugo Trejo del 1ero de enero del '58 o la propia situación del Comité Militar anti-pérezjimenista en rebeldía, que se coordina con la Junta Patriótica, dirigida por los comunistas y marxistas organizados internamente. Sin menoscabar la importancia de las figuras, son las clases, sus intereses, programas y luchas, las que empujan la situación.

Los partidos y los líderes analizan, ordenan y ejecutan el empuje clasista del plan político, que es indiscutiblemente exitoso en la primera parte de ambas insurrecciones. Pero también en uno y otro caso, las vanguardias vacilan y pierden la ofensiva estratégica, culminada exitosamente las primeras fases de los combates populares anti-dictadura.

Es decir, pasa lo que ha prevenido Marx en su célebre 18 Brumario. “En cambio -dice Marx- las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta!”.

Del XIII pleno clandestino del PCV brota en el ‘57 la propuesta y el programa unitario de la Junta Patriótica. Frente de comunistas, Marxista y nacional democráticos radicales y moderados, entre otros JVR, Fabricio Ojeda etc. Una coalición de corrientes y de partidos revolucionarios domina el estado mayor del Frente, influyendo en las ramas militares.

Pero justo de allí, desde la exitosa primera fase anti-dictadura, salta por un lado la línea, el señalada por el camarada Oscar Figuera en el reciente Foro del día 19 de enero. Tras el triunfo popular aparece en la Junta la tesis “etapista”, que precisamente domina la escena en el momento que las masas ascienden hacia al antiimperialismo, atraídas por las consignas de los comunistas. El vicepresidente de EEUU Richard Nixon, casi es linchado en las cercanías del Panteón Nacional.

Esta línea “etapista” y sus efectos colaboracionistas en diálogos y acuerdos, hace que la insurrección se estanque en la , en los cantos de sirena de la paz laboral y, contra la “kornilovada” de Castro León. Se pierde la gran oportunidad de un gobierno nacional democrático, quizás parecido al que promete Chávez después del ‘99.

“Etapismo”, un error elemental que cuesta caro a los comunistas, al movimiento marxista también a las masas. Pues bien, algo parecido sucedió el 13 de abril. Millones de personas dispuestas al combate paralizan las calle exigiendo la vuelta de Chávez, pero también la cabeza golpista de FEDECAMARAS-VENAMCHAN y sus aliados, pero las vanguardias (ahora en manos de los nacionalistas del MVR) con el gobierno recuperado; con las resteadas fuerzas revolucionarias y las masas a su lado; descuadernados los mandos de la derecha militar, del Episcopado, de los partidos y figuras golpistas; derrotada en 48 horas por las masas obreras, campesinas, comunales y de soldados la poderosa Santa Alianza de la burguesía y el imperialismo internacional, su gobierno contrariando la recomendación del Libertador en el Congreso de Panamá, apela al crucifijo y al perdón. Igual que en el ‘58, paraliza la profundización de la lucha de clases. Una vez más el viejo Estado salva sus escombros. La burguesía monopolista no tarda en pasar su factura al proceso revolucionario.



Compartir:

0 Deja tus comentarios:

Publicar un comentario

Prensa Libre

"La función de la prensa es ser el perro de guardia, el denunciante incansable de los opresores, el ojo omnipresente y la desembocadura del espíritu omnipresente de las personas que guardan celosamente su libertad. [...] El deber de la prensa es tomar palabra por los oprimidos en torno a ella. [...] El primer deber de la prensa es socavar los cimientos del sistema político existente ".
Karl Marx

Editorial Voz Proletaria

Editorial Voz Proletaria N° 113. Febrero 2018

La progresiva agudización de las contradicciones inter imperialistas lleva a enfrentamientos como no había sucedido en muchos años:...

Lo más leído...

Archivo de Publicaciones

Inserta tu correo electrónico para recibir nuestro boletín de noticias

Voz Proletaria en Twitter

Voz Proletaria en Facebook

Síguenos en Google +

Seguidores en Google +