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martes, 6 de diciembre de 2016

Comunicado conjunto PRT y Mov. Gayones

Las organizaciones marxistas Partido Revolucionario del Trabajo (PRT) y el Movimiento Gayones publican comunicado conjunto sobre la coyuntura actual en Venezuela


Caracas, diciembre de 2016. Voz Proletaria.- Con miras en la unidad de las fuerzas revolucionarias de nuestro país, las organizaciones marxista leninistas Partido Revolucionario del Trabajo y Movimiento Gayones, elaboraron un comunicado conjunto donde se analiza el momento político que se viven en todo el mundo, en América Latina y, particularmente, en Venezuela y dilucidan cuáles son las propuestas de los revolucionarios para llevar adelante y con éxito la lucha de clases contra la burguesía y el imperialismo, los enemigos principales.

A continuación el texto del comunicado.

COMUNICADO CONJUNTO DEL MOVIMIENTO GAYONES Y DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DEL TRABAJO (PRT)

Con el objeto de avanzar en búsqueda de explicaciones ante los variados y complejos procesos de lucha en curso a nivel mundial, debemos remarcar su relación con la crisis general del capitalismo, las crisis cíclicas y su expresión concreta en la agudización de las diferentes contradicciones que se hacen cada día más fuertes e inocultables.

La realidad permite visualizar el avance de la derecha en los bloques imperialistas, el control de sectores que impulsan un nuevo reparto de los mercados, que requieren irse posicionando en zonas estratégicas, mientras tanto se reorganizan y chocan, no directamente, sino en la forma de escaramuzas por medio de agentes locales, que esencialmente responden a los intereses de grandes monopolios capitalistas. El fin es imponer su dominio por medio de políticas de derecha o de extrema derecha cada día más inocultables.

Cada potencia imperialista, cada monopolio capitalista, busca sacar ventaja de sus condiciones materiales y políticas, pasando, en algunos casos, por encima de sus propios acuerdos, lo que genera reagrupamientos a lo interno de cada bloque. La gran burguesía internacional y nacional busca expandir su área de influencia, posicionar sus fuerzas militares, controlar vías estratégicas, conquistar nuevos mercados, imponerse sobre los países dependientes, socios o contendores, lo que genera conflictos inter-imperialistas y agrava las contradicciones en algunos puntos del planeta, entre los países imperialistas, y entre éstos y las naciones oprimidas, neo-coloniales o dependientes.

Tal cúmulo de contradicciones explican en buena parte, por ejemplo, los avances de la ultraderecha en Europa y Estados Unidos, el ascenso fascista de Le Pen en Francia o el sorpresivo triunfo del republicano Trump en EEUU, con sus discursos nacional-imperialistas, amenazas xenofóbicas, de aumentar la militarización en el Oriente Medio y a escala mundial, casos de Irak, Libia, Sudán, Yemen, la península de Corea, el Mar de China, etc.

Una burguesía imperialista desatada que busca directamente el control en los países oprimidos; que exacerba las posiciones nacional-chauvinistas de los capitalistas tratando de confundir a las masas obreras y a los sectores populares más atrasados por medio de una propaganda patriotera, cuajada de mentiras y golpes bajos, como acaban de hacer Clinton y Trump, cuyo fin verdadero es imponer el dominio de los monopolios que cada uno representa. Este tipo de manipulación electoral e ideológica persigue bloquear las crecientes protestas de masas a lo largo y ancho del planeta, la movilización popular contra el ascenso general del fascismo y las medidas antisociales que el capitalismo aplica, esto se expresa en movilizaciones de la oposición popular contra las medidas neoliberales que los gobiernos aplican parar tratar de salir de la profunda crisis estructural del sistema de explotación privada, castigando el salario, las conquistas sociales y la vida misma del pueblo.

A lo interno de cada país, sea imperialista o dependiente, la contradicción capital-trabajo, burguesía-proletariado, patronos-clase-obrera se agudiza y cobra diversas expresiones. Se manifiesta como luchas reivindicativas, étnicas, sindicales, salariales, choques entre los partidos, incluso del sistema. La contradicción entre los opresores y los oprimidos igualmente cobra diversos matices, aunque todavía no se enfrentan abiertamente la burguesía y el proletariado, se expresa la lucha de clases como enfrentamientos locales y pequeñas batallas que van ascendiendo permanentemente en un proceso de agudización de la lucha de clases.

Una nueva oleada de luchas y revoluciones será terrible para la burguesía, por lo que tratan de neutralizar a las fuerzas combatientes, negociar acuerdos y si es posible derrotarlas. Su política apunta a neutralizar las fuerzas beligerantes, estimulando las ilusiones socialdemócratas, con sus eternos intentos de desarmar a los pueblos por medio de engaños y ofertas de un bienestar, cada día más lejano, porque la propia crisis económica, política y social no permite su realización.

El objeto de nuestro análisis es pues, interpretar dicha realidad, trazar un camino estratégico de lucha y hacer todo lo que está a nuestro alcance, para transformarla por medio del empuje sostenido del proletariado, única clase capaz de llevar las transformaciones hasta las últimas consecuencias.

Ciertamente no será sola la clase obrera quien llegará a construir la nueva sociedad, por lo que requiere una inteligente política de acuerdos, alianzas y unidad entre las organizaciones para consolidar ese papel estratégico, clave en la lucha por la liberación nacional y el socialismo.

En este marco los combates contra el imperialismo, como fase superior del capitalismo, es una tarea de primer orden; indica el carácter predominante de la lucha de clases internacional y forma parte de las definiciones que habrán de llevarse adelante para la construcción del frente popular como espacio de acercamiento entre las organizaciones revolucionarias locales y mundiales, que luchando por la construcción de una nueva sociedad, trabajan para aglutinar fuerzas contra el imperialismo, la derecha y el fascismo, que avanzan por todos los rincones del planeta.

El proceso de construcción de un sólido partido proletario, con sus diversos instrumentos de lucha, forma parte de las tareas primordiales del momento. Para alcanzar esta meta, la política de unidad con las diversas organizaciones que reivindican su origen de clase y el programa de la clase obrera más allá del frente popular, es otra tarea clave para los marxistas y el proletariado.

Sobre la base de un programa unificado, las tesis y línea política debemos consolidar el proceso de unidad que entre algunas organizaciones proletarias se viene gestando, particularmente tomamos esta tarea con carácter prioritario, tanto para el Movimiento Gayones como para el PRT.

A nivel internacional, se expresan las luchas, y allí donde un pueblo se levanta están nuestros hermanos de clase, nuestros camaradas marxista-leninistas, con sus organizaciones haciendo realidad la utilización de todas las formas de lucha para destruir la explotación burguesa, en Turquía, Costa de marfil, Túnez, México, Colombia, Ecuador, Brasil, Venezuela, y muchos otros países los combatientes proletarios vamos a la cabeza de las luchas quitando el velo de los ojos a quienes, desde el terreno popular, aún están creyendo en los cantos de sirena del “capitalismo democrático” y de otras patrañas burguesas, cuyo fin es mantener la esclavitud asalariada y la opresión de los dueños del capital contra el proletariado y las masas en general.

En Latinoamérica el panorama se torna cada día más claro. Los gobiernos reformistas van cumpliendo al pié de la letra su misión histórica: ser la puerta de entrada del fascismo. La derecha ultra reaccionaria avanza y el reparto de las riquezas se agudiza ante las amenazas de los monopolios que representa el gobierno de Donald Trump.

Ni la burguesía tradicional -tampoco la burguesía emergente- han sido, ni serán capaces de golpear seriamente la esencia económica del modo de producción capitalista, ni siquiera el modelo de expoliación imperialista. Temen expropiar y someter a la burguesía, lo más que llegan es a renegociar la dependencia, ampliando la gama de posibilidades para una entrega de las riquezas nacionales, continuando con su política de exportar materias primas e importaciones, dependencia financiera, militar y tecnológica.

En las condiciones del mundo actual no negamos la necesidad de acuerdos y alianzas con países dispuesto a ayudar en momentos de dificultad, pero diferimos en que esa “ayuda” se transforme en dependencia o renegociación del esquema de dominación.

Particularmente Colombia, Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia, significan una gran potencialidad de lucha revolucionaria en la actual coyuntura. Pueden presentar situaciones de confrontación, levantamientos, protestas y revueltas donde el imperialismo puede perder el control, particularmente por el gran descontento popular y el choque entre los bloques imperialistas. Estas situaciones, más los procesos de Cuba y Nicaragua, junto con los cambios en el polvorín del Medio Oriente, pueden exacerbar las contradicciones llevando a las masas populares a un total rechazo en relación a los métodos de la democracia burguesa, para dar solución a los problemas básicos de las mayorías, abriendo las puertas a un nuevo período de auge de masas después de superar cierta decepción, en la que el papel organizador y movilizador de los marxista leninistas será determinante, ya que las limitaciones políticas de la socialdemocracia y los sectores reformistas, dentro de los gobiernos progresistas presuponen su derrota, la que se mide en la entrega al detal de los avances sociales propuestos en sus programas originales.

De llegarse a concretar la entrega de las armas por parte de las FARC, no significará ni la paz, ni la desmovilización de la insurgencia, incluso de la lucha armada en Colombia, porque jamás habrá paz mientras impere el modo de producción capitalista con una violencia burguesa cotidiana y brutal contra el pueblo, porque la insurgencia seguirá existiendo mientras exista la opresión burguesa.

La clase obrera, los campesinos y el pueblo explotado estamos en la obligación de seguir peleando contra la esencia fascista y represiva del Estado capitalista expresado en la policía, ejército y gobiernos burgueses como el colombiano, por su tradición represiva. La burguesía dominante y el uribismo como expresión político-militar de ella, en la realidad no aceptarán ninguna reincorporación a la vida normal de quienes por décadas se formaron en planificar, organizar o dirigir la lucha contra el Estado burgués.

Contra el movimiento popular y revolucionario de la región está en puertas una ofensiva más violenta del imperialismo estadounidense y sus lacayos, para frenar los avances populares y rescatar el control total de su “patio trasero”, del que ha perdido algunos niveles de control por un cambio de correlación de fuerzas populares y las contradicciones inter-capitalistas, a nivel de una nueva burguesía emergente asociada a otros capitales, aunque no resulta descartable una negociación entre diferentes bloques para repartirse, temporalmente, las jugosas ganancias de la explotación de estos territorio.

Las contradicciones de las clases y sectores dominantes estarán presentes. Independientemente de sus acuerdos. Los monopolios requieren someter al movimiento insurgente y popular con la intención de adueñarse de las riquezas de forma más fácil.

El imperialismo espera aprovecharse del creciente descontento con la socialdemocracia y la negociación de las FARC para fortalecer su control ideológico y militar, utilizar la propaganda reaccionaria y la represión con el fin de desmoralizar a las fuerzas insurgentes de Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil y desde allí a toda la región.

En el caso de Venezuela estamos atravesando una compleja situación económica y política dada; como hemos dicho, por el impacto de la crisis estructural capitalista, simultáneamente la caída de los precios de las materias primas a nivel mundial, el derrumbe de los precios petroleros, la baja de consumo en algunos países y la incorporación de nuevas tecnologías como el fracking. A esto se suma la ofensiva del imperialismo y la burguesía nativa, especialmente en el ámbito económico; las contradicciones entre las corrientes nacionalistas y neoliberales. En lo fundamental por las debilidades del nacionalismo pequeño burgués en el gobierno que no ha sido capaz de golpear el corazón económico de los monopolios ni sustentar un proyecto económico sobre la capacidad de la clase obrera, los campesinos y el pueblo, apoyado, en general, en una burocracia que poco conoce del proceso productivo, de fuerte prejuicios intelectuales contra el trabajador, además de tener, muchos de ellos, nexos con la burguesía, entorpeciendo las medidas prácticas de carácter avanzado requeridas para solventar la actual situación.

La derecha opositora, desde la MUD hasta la derecha más extremista, arreciaron su ofensiva contra el gobierno en diversos planos, desde el revocatorio hasta las “guarimbas” y otros actos terroristas

Nuestras direcciones han analizado que tales acciones constituyen una medición de fuerzas, una forma de presión para acrecentar nuevas acciones en los planos económicos, de calle y paramilitares, que continúan con la incorporación de las corrientes estudiantiles de la derecha más reaccionarias. Toda una campaña de agitación para crear confusión entre las masas, buscando aprovechar el evidente descontento por problemas presupuestarios, atropellos laborales, hiperinflación, especulación capitalista, alza desmesurada de los precios, situación de las colas, anarquía, ineficiencia y escasez de productos que afectan a la población.

De acuerdo a nuestro análisis, a partir del 2015 el movimiento popular y las organizaciones revolucionarias en general, hemos caído en cierto grado de reflujo que tiende a ser superado en algunos sectores estratégicos internos y en nuestra periferia. El fortalecimiento ideológico, la acción política, los debates y las movilizaciones de masas ayudan en esa dirección, bloqueando la ofensiva de la derecha opositora. Ha habido algunas expresiones de recuperación en ese sentido, que pueden dar paso a un nuevo período de auge de masas, independientemente que la razón inicial sea defensiva: responder ante las amenazas externas e internas de la derecha opositora.

Es importante impulsar la recuperación en la movilización popular para estimular la organización, promoviendo todas sus justas luchas, pugnando por colocarnos a la cabeza de estas con planteamientos y consignas que superen las ilusiones reformistas. Es necesario entonces preparar las condiciones para alcanzar una revolución verdadera ante una ofensiva de la derecha que amenaza con tornarse violenta, podrían darse las condiciones políticas para una huelga general, un choque directo con la derecha, la rebelión popular o la insurrección política.

Cada una de estas acciones son variables que debemos analizar y promover entre la vanguardia revolucionaria como forma de consolidar la expectativa popular para derrotar la ofensiva imperialista.  

El reflujo se manifiesta en algunos sectores confundidos y decepcionados ante las colas, el desabastecimiento, la corrupción alcanzando incluso la propaganda “socialista” del gobierno, pero no es menos cierto también que se ha ido frenando en aquellos sectores avanzados de la población, que saben que la burguesía es culpable de la situación económica. El sector más consciente se suma a la lucha contra la reacción tratando de promover la organización y la movilización popular contra los intereses del imperialismo, la burguesía y la conciliación nacional reformista, cuajada de doble discurso, sectaria a más no poder, corrupta y demagógica, con el programa liberal de privatizaciones bajo el brazo; de ataque a los fondos sociales y los derechos laborales, apuntando a remozar el capitalismo dependiente, intensificar las importaciones y ponerle la mano al negocio petrolero y a la economía minera.

La burguesía emergente y tradicional y sus lacayos pretenden levantar un gran muro de contención al desarrollo de las fuerzas populares, al papel protagónico del pueblo, más aún, al protagonismo verdadero de la clase obrera y el campesinado, queriendo sustituir por figuras del “capitalismo nacional” en ascenso y por una red burocrática esencialmente inepta, en muchos casos reaccionaria.

Para avanzar a la cabeza de las masas se requiere ideas firmes y claras; trabajar políticamente con la clase obrera, organizar los destacamentos proletarios para hacer las cosas bien dentro de la conducción política revolucionaria; acertar en la propaganda política, ser persistente en la educación y la agitación de masas. Para esto es fundamental la unidad organizativa, de teoría y método leninista de organización política.

La organización popular debe fortalecerse en medio de las actuales dificultades y aunque este proceso de reflujo deja secuelas, lo más importante es que permite probar la madera de los cuadros, fortalece su conciencia y praxis revolucionaria.

En fin, una fortaleza de lucha probada, una dirección de clase más depurada, decidida, firme en los principios, internacionalista, con el rumbo definido hacia el triunfo, dispuesta al máximo sacrificio por la revolución proletaria, unificando las fuerzas en regiones y estados del país para optimizar las direcciones en los frentes de masas y alcanzar la mejor disposición en la unidad para cumplir nuestro papel de vanguardia revolucionaria.

Movimiento Gayones - Partido Revolucionario del Trabajo (PRT)

Diciembre de 2016.

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