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martes, 29 de septiembre de 2015

Formación: Las crisis y la agudización de las contradicciones del capitalismo


Caracas, septiembre 2015. Voz Proletaria.- Las crisis económicas, explosión violenta de todas las contradicciones del modo capitalista de producción, vienen indefectiblemente a ahondar y agudizar todavía más estas contradicciones. 

Ordinariamente, las crisis capitalistas de superproducción tienen un carácter general. Comienzan en una rama cualquiera de producción y se extienden rápidamente a toda la economía nacional. Surgen en uno o varios países y se hacen extensivas luego a todo el mundo capitalista. 

Toda crisis acarrea una reducción brusca de la producción, el descenso de los precios al por mayor de las mercancías y de la cotización de las acciones en bolsa y la disminución del volumen del comercio interior y exterior. 

En toda crisis, el volumen de producción desciende al nivel de algunos años atrás. Durante las crisis del siglo XIX, el nivel de la vida económica de los países capitalistas se retrotraía de 3 a 5 años; en el siglo XX, el salto atrás es de decenas de años. 

Las crisis económicas ponen claramente de manifiesto el carácter rapaz del capitalismo. En todas ellas, mientras millones de seres se ven condenados a la miseria y al hambre, se destruyen masas inmensas de mercancías que no encuentran salida: trigo, patatas, leche, ganado, algodón. Dejan de funcionar o se convierten en chatarra fábricas enteras, astilleros, altos hornos; se destruyen sementeras de cereales y de cultivos industriales; se talan las plantaciones de árboles frutales. 

Las crisis traen consigo incontables calamidades para la clase obrera, las grandes masas campesinas y todos los trabajadores. Provocan desempleo en masa, que condenan a ciento de millones de personas a inacción forzosa, a la miseria y al hambre. Los capitalistas se aprovechan del desempleo para reforzar por todos los medios la explotación de la clase obrera y hacer descender verticalmente el nivel de vida de los trabajadores. 

Las crisis vienen a agudizar en grado extraordinario la inseguridad de vida de los trabajadores, su miedo al mañana. A fuerza de años de no trabajar, los proletarios pierden sus conocimientos profesionales: cuando la crisis termina, muchos de ellos no pueden ya reintegrarse a la producción. Empeoran hasta el último extremo las condiciones de vivienda a que se ven sometidos los trabajadores; aumenta el número de las gentes sin casa, que vagan por el país en busca de limosnas. En los años de crisis crece extraordinariamente el número de suicidios de los seres empujados a la desesperación, se extiende la mendicidad y el crimen. 

Las crisis traen consigo la agudización de las contradicciones de clase entre el proletariado y la burguesía, entre las grandes masas campesinas y sus explotadores, los terratenientes, los usureros y los campesinos ricos. La crisis priva a la clase obrera de muchas de las conquistas arrancadas en larga y dura lucha contra los explotadores y el Estado burgués. Esto señala a los obreros que el único camino por el que pueden librarse del hambre y la miseria es el derrocamiento del poder de la burguesía, la destrucción de la esclavitud asalariada capitalista. Las más extensas masas del proletariado, condenadas por la crisis a indecibles privaciones, adquieren conciencia de clase y decisión revolucionaria. La incapacidad de la burguesía para gobernar las fuerzas productivas de la sociedad mina, en los sectores pequeñoburgueses de la población, el convencimiento de que el régimen capitalista es algo inquebrantable. Todo ello se traduce en la agudización de la lucha de clases dentro de la sociedad capitalista. 

En los tiempos de crisis, el Estado burgués acude en ayuda de los capitalistas mediante subsidios en dinero, que en definitiva pagan las masas trabajadoras. El Estado, valiéndose de su aparato de violencia y de coerción, ayuda a los capitalistas a mantener la ofensiva contra el nivel de vida de la clase obrera y los campesinos. Todo ello refuerza la depauperación de las masas trabajadoras. Al mismo tiempo, las crisis ponen de manifiesto la total incapacidad del Estado burgués para refrenar con ninguna clase de medidas la acción de las leyes espontáneas del capitalismo. En los países capitalistas no es el Estado el que gobierna la economía, sino que, por el contrario, El propio Estado se halla bajo el poder de la economía capitalista, sometido al gran capital. 

Las crisis son el más palpable exponente de que las fuerzas productivas creadas por el capitalismo han rebasado los marcos de las relaciones burguesas de producción, por lo que estas últimas se convierten en un freno para el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas. 

“La crisis muestra que la sociedad moderna podría producir una cantidad incomparablemente mayor de productos destinados a elevar el nivel de vida de todo el pueblo trabajador, si la tierra, las fábricas, las máquinas, etc., no estuvieran usurpadas por un puñado de propietarios privados, que amasan millones a costa de la miseria del pueblo” (Lenin). Cada crisis acerca el hundimiento del modo capitalista de producción. 

Publicado en Voz Proletaria Nro 97.
Extraído del Manual de economía política de la URSS

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