¡Combatientes por el socialismo científico!

Fortaleciendo la Unidad Popular Revolucionaria Antiimperialista // Voz Proletaria, la voz del proletariado venezolano

martes, 29 de septiembre de 2015

Colombia: Tecnificación de la tortura, década de 1970-80


Caracas, septiembre 2015. Voz Proletaria.- Debido al desplazamiento de los campesinos por la violencia estatal, Colombia ya era un país de grandes urbes, y una tercera parte de ellas fue copada militarmente. El país nunca había conocido una “cacería de brujas” de tal dimensión contra sindicalistas, estudiantes, profesores, intelectuales, algunos periodistas y sacerdotes. Estos eran, presuntamente, ese esencial “brazo político de la subversión” a desterrar.

Era la aplicación de la doctrina de la Seguridad Nacional. Dentro de esa línea, para uno de los ideólogos de las Fuerzas Armadas, general Fernando Landazábal Reyes, no existía 

nada más nocivo para el curso de las operaciones contrarrevolucionarias que dedicar todo el esfuerzo al combate y represión de las organizaciones armadas del enemigo, dejando en plena capacidad de ejercicio libre de su acción a la dirección política del movimiento (…) 

Miles y miles de inocentes civiles fueron juzgados y sentenciados al darse vía libre a la fórmula que un fiscal militar expusiera en un Consejo Verbal de Guerra: “Es mejor condenar a un inocente que dejar en libertad a un guerrillero”. El primer año de gobierno del presidente Turbay Ayala costó la libertad a 60 mil personas, según el propio Ministerio de Defensa. 

Los poderosos medios de comunicación, en manos de la oligarquía, recibieron con bombos y platillos las medidas del Estatuto de Seguridad, aunque ellas imponían la censura a las informaciones que pudieran “convenir” a la insurgencia. 

Pero la represión fue de tales dimensiones que a las pocas semanas se hizo imposible seguir ocultando que se estaba torturando a los detenidos. Quizás la principal motivación para que esos medios reflejaran tal situación, se debió a que los militares ya pisoteaban territorios vedados: jóvenes de la clase media estaban siendo torturados, y parecía que tal tratamiento podía extenderse a los de la escala social superior. 

Aunque anteriormente había existido la tortura, en especial durante la “época de la violencia”, no podía considerarse como una política generalizada de las Fuerzas Armadas colombianas, mientras ahora se implantaba como mecanismo institucionalizado de interrogatorio. Era sistemática, tecnificada, casi científica. Ya no era una acción violenta realizada por la ira de un militar contra el detenido. 

El torturador, además de haber aprendido las más crueles formas para producir dolor, aplicadas con morbosa sevicia, tenía ahora el apoyo de psicólogos y psiquiatras que lo asesoraban durante los interrogatorios, en su tarea de cerco y desgaste a la impotente “presa”. Médicos fueron fundamentales para indicarle al torturador cuándo debía detenerse: justo antes que el cerebro, el corazón o los pulmones le estallaran a la víctima que aún no debía morir. 

Esos eran los civiles profesionales que habían ingresado a las Fuerzas Armadas dentro del plan de “acercar a la sociedad” al mundo militar, iniciado pocos años antes. Varios de estos habían realizado cursos de especialización en la Escuela de las Américas o en los centros de las dictaduras del Cono Sur, especialmente en Argentina. 

Hernando Calvo Ospina, libro “Terrorismo de Estado en Colombia”.

0 Deja tus comentarios :

Publicar un comentario

Prensa Libre

"La función de la prensa es ser el perro de guardia, el denunciante incansable de los opresores, el ojo omnipresente y la desembocadura del espíritu omnipresente de las personas que guardan celosamente su libertad. [...] El deber de la prensa es tomar palabra por los oprimidos en torno a ella. [...] El primer deber de la prensa es socavar los cimientos del sistema político existente ".