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viernes, 24 de abril de 2015

FARC-EP: Así resulta muy difícil un cese al fuego unilateral

Duele la muerte de los soldados, como duele la de los guerrilleros que también son colombianos y también tienen madres, hijos y hermanos que los aman.

Caracas, abril 2015. Voz Proletaria.- Más allá de la alharaca de los medios masivos de comunicación por los sucesos de Buenos Aires, Cauca, lo que importa es el dolor de los familiares de los soldados caídos en combate, a quienes expresamos nuestro más profundo sentimiento de pesar y tristeza. Más allá del oportunismo de los partidos políticos de ultraderecha en el país, cuyos jefes se lucran con la prolongación del conflicto y se excitan con la sangre humilde que tiñe el suelo de la patria, lo que se impone es la necesidad de parar la confrontación armada mediante un acuerdo político, con la participación de los diversos sectores sociales de Colombia.

La muerte de esos jóvenes soldados, provenientes todos de familias pobres, de barrios y veredas abandonados a su suerte por el Estado, no nos alegra, porque no somos insensibles al dolor y la tristeza de las familias humildes que los vieron partir de sus casas hacia los campos de batalla, a buscar a las guerrillas “para aniquilarlas”, en desarrollo de planes que ni siquiera conocen, en defensa de intereses de una élite gobernante que tampoco conocen y que los utiliza como carne de cañón en esta guerra.

Los militares muertos y heridos la madrugada del 15 de abril en las montañas del Cauca no marchaban en son de paz hacia los campamentos guerrilleros, no llevaban en sus manos flores, ni palomas blancas, llevaban moderno armamento de guerra y tenían el entrenamiento de una fuerza especial cuya profesión es matar. Aun así no nos alegra su muerte, lamentamos que en momentos en los que las más amplias mayorías del país se la juegan por la paz, una élite minúscula, atornillada a los privilegios que otorga el poder económico y político del Estado, siga empujando al país a la guerra fratricida, mientras ellos brindan y disfrutan en sus clubes, oficinas y mansiones de lujo.

Nosotros, los guerrilleros de las FARC-EP, también hemos sentido ese dolor. En las mismas montañas del Cauca vimos caer asesinado por orden presidencial a nuestro máximo comandante Alfonso Cano, en vísperas del actual proceso de diálogos por la paz. La lista de nuestros caídos es extensa, incluso en el marco del cese el fuego unilateral indefinido declarado por nuestra fuerza beligerante desde el pasado 20 de diciembre.

El país recuerda que el cese unilateral indefinido, declarado de manera soberana por nuestra fuerza guerrillera en honor a las víctimas del conflicto armado, estuvo condicionado a que nuestras unidades no fueran atacadas por las patrullas enemigas, y eso precisamente era lo que hacían las tropas del ejército caídas en desgracia en las montañas del Cauca, sobre las que ahora pesa un saldo elevado de bajas.

Quedan demostrados además, el cinismo y la indolencia de esta clase gobernante, que envía tropas al combate para después llorar sus muertes con lágrimas de cocodrilo. También que un cese el fuego unilateral es difícilmente sostenible en el tiempo, mientras esté amenazado por campañas militares diseñadas y dirigidas por los sectores militaristas en el poder.

Las voces y coros más altisonantes de los sectores que se lucran con la guerra, saturan sus redes y medios tradicionales en contra de las FARC-EP y del proceso de paz, igual que ocurrió durante la captura del general Alzate, olvidando que fueron ellos los que impusieron la condición de dialogar en medio de los tiros, y que han sido las FARC-EP las que, sin descanso, hemos clamado por una tregua bilateral que evite más dolor a las familias colombianas. Nuevamente ultrajan nuestro nombre y nuestra justa lucha con epítetos y calumnias, reanudan los bombardeos, amenazan con extraditarnos, aniquilarnos, borrarnos del suelo donde nacimos y creció nuestra lucha. Cuando pase la alharaca tendrán que entrar en razón. La paz requiere voluntad y gestos profundos, así como un amplio contenido de justicia social.

Lo que salta al primer orden de la discusión es la urgencia del cese bilateral de fuego, como requisito incuestionable para un acuerdo final entre Estado e insurgencia armada. Así lo expresó el pueblo en las calles mediante el plebiscito del pasado 9 de abril, que reafirmó el anhelo de paz de la mayoría de los colombianos.

Por Alirio Córdoba
Bloque Martín Caballero de las FARC-EP

Montañas de Colombia, 22 de abril de
2015.

Tomado de la página http://farc-ep.co/

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