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lunes, 13 de abril de 2015

Derecha persiste en plan golpista luego 13 años de derrotas

Patronal e Iglesia Católica, columna
de la ultraderecha golpista
Caracas, abril 2015. Voz Proletaria.- El 11 de abril de 2002 la élite empresarial y política de Venezuela perpetró un golpe de Estado en contra del gobierno legítimo del presidente Hugo Chávez, evento que quedaría para la historia como la carta de presentación de la derecha venezolana.

La conspiración de la oposición en contra de la Revolución comenzó en 1998, cuando el presidente Chávez asumió el poder con el objetivo de impulsar las transformaciones democráticas necesarias para revertir el modelo de exclusión que por 40 años mantuvo el bipartidismo de Acción Democrática y Copei. Estos grupos hoy, junto a sus hijos políticos y otros partidos, conforman la autollamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

La derecha, con el apoyo total de sus medios de comunicación, se encargó de satanizar las decisiones del gobierno, el cual para 2001 ya había aprobado 48 instrumentos legales entre los que figuraban la Ley de Hidrocarburos, que aumentó de uno a 30% los tributos que debían ser pagados por las transnacionales, y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, que profundizó la lucha contra el latifundio.

A esto se suma el nombramiento de una nueva directiva de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la principal empresa venezolana, antes manejada por los hijos de la burguesía, y ahora conducida por un gobierno que invirtió en el pueblo la renta petrolera nacional.

Frente a este panorama, contrario a los intereses de un empresariado dependiente de la renta, la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) en conjunto con la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) convocaron, el 9 de abril, a un "paro cívico nacional".

Eran días "de marchas y contramarchas. Los canales privados de TV, todos rabiosos contra Chávez, transmitían las 24 horas las escenas de las protestas. Hacían cadena y repetían las imágenes hasta el empalagamiento, como no colocaban fecha, uno pensaba que todo estaba pasando en el momento", reseña José López Vigil en el libro Golpe de Radio, que recoge los testimonios de periodistas de la red de emisoras Fe y Alegría.

El pacto de "transición"

En un contexto de odio inoculado contra del líder socialista y los militantes de la Revolución Bolivariana, el 5 de marzo de 2002, antes del llamado a paro, las cúpulas empresarial, sindical y eclesiástica firmaron un "Pacto de gobernabilidad" en la lujosa quinta La Esmeralda, ubicada al este de Caracas, en el que establecieron 10 puntos de acuerdo para la "transición institucional" a "la era post chavista", denominación que quedaría más clara un mes después cuando las mismas personas protagonizaron el golpe de Estado.

El Pacto de la Esmeralda quedó inmortalizado en una foto donde aparece el representante de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Luis Ugalde, uniendo las manos del presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona, con las de Carlos Ortega, de la CTV, en señal de "bendición" al acuerdo antidemocrático.

La reunión dio paso a una serie de acciones de calle, de "protestas" y movilizaciones opositoras contra el comandante Chávez, atizadas por los medios de comunicación.

Así, la mañana del 11 de abril ya habían suficientes indicios sobre la acción inconstitucional que ejecutarían.

Los cabecillas mencionados convocaron a una marcha desde el Parque Francisco de Miranda (antes Parque del este) hasta la sede de Pdvsa en Chuao, que luego desviaron hacia Miraflores, donde se reunía el pueblo chavista.

El inminente choque entre las dos facciones nunca llegó, porque antes ambas movilizaciones fueron atacadas por francotiradores, mientras los "Cuatro Jinetes del Apocalipsis", como llamó el Comandante a los canales de televisión, Venevisión, Rctv, Televen y Globovisión, hicieron creer que era el pueblo chavista que estaba disparando contra la marcha opositora.

Después, mediante un video grabado con antelación por un pequeño grupo de oficiales de la Fuerza Armada, donde daban una cifra de muertes que aún no habían ocurrido, se pudo comprobar que la masacre fue planificada por la oposición para justificar el gobierno de facto que se instalaría al siguiente día, con Pedro Carmona como presidente autoproclamado.

Mientras circulaba el falso rumor de que Hugo Chávez había renunciado, apareció en televisión el partido Primero Justicia, representado por Julio Borges, Leopoldo López y Henrique Capriles, personajes activos de la conspiración actual, exigiendo la renuncia de la directiva de Pdvsa, el Gabinete Ejecutivo, la Asamblea Nacional, el Contralor, el Fiscal, el Defensor del Pueblo, el Tribunal Supremo de Justicia y el presidente de la República, desconociendo totalmente la voluntad del pueblo.

Los medios privados se convirtieron en fuentes de la desinformación, mientras que Venezolana de Televisión y Radio Nacional de Venezuela fueron allanados. Se efectuaba así la dictadura de 48 horas que culminó con el rescate del Presidente en una unión cívico-militar el 13 de abril.

13 años después, los mismos grupos continúan promoviendo escenarios de desestabilización a través de métodos antidemocráticos en vista de su incapacidad para asumir el poder por la vía del sufragio, lo que ha quedado demostrado con 18 derrotas en 19 procesos electorales efectuados durante 15 años de Revolución.

En febrero de 2014, la representante del empresariado, María Machado -quien firmó el decreto del autojuramentado dictador Pedro Carmona-, en compañía de Leopoldo López y Antonio Ledezma, presentó un plan denominado "La Salida" dirigido a derrocar al presidente Nicolás Maduro con acciones terroristas de calle, llamadas guarimbas.

Aunque, como en las ocasiones anteriores, el programa no logró su cometido, las acciones terroristas produjeron 43 muertes. Una de ellas es la del joven Elvis Durán, motorizado de 29 años, degollado por una guaya con alambre de púas colocada en la avenida Rómulo Gallegos del municipio Sucre por una banda vinculada al nuevo plan de golpe.

Al igual que en 2002, con el apoyo de medios nacionales e internacionales y una intensa campaña en redes sociales, intentaron hacer creer al mundo que Venezuela se encontraba al borde de una crisis social, cuando solo se trataba de pequeños grupos desestabilizadores que montaron guarimbas en zonas del país donde se concentra la población opositora.

Paralelamente se ha desarrollado una guerra económica, con el acaparamiento y especulación de productos básicos de la cesta alimentaria, que, como lo denunciara el presidente Nicolás Maduro, fue diseñada por el actual presidente de Fedecamaras, Jorge Roig, en confabulación con la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (Venamcham), también patrocinadora del golpe de abril.

Cada uno de los planes ha sido derribado con el accionar de las instituciones de Estado y el talante pacífico y democrático que caracteriza al pueblo venezolano. Las acciones terroristas fueron aisladas por una sociedad que rechazó por mayoría el camino antidemocrático y de muerte impulsado por Machado, López y Ledezma, quienes, a pesar de la derrota, guardaban para el 2015 un nuevo plan.

Bombardear la ciudad

Emulando el Pacto de la Esmeralda, estos voceros de la derecha publicaron, el 11 de febrero de 2015 en el diario El Nacional, un documento que llamaron "Acuerdo Nacional para la transición", el cual proponía medidas al margen de la Constitución para derrocar al Gobierno, ignorando el último proceso electoral donde el pueblo eligió al presidente Nicolás Maduro para el período 2013 – 2019.

El documento expresa de manera más explícita su intención de poner en práctica políticas de corte neoliberal como la privatización de empresas públicas y la solicitud de dádivas al Fondo Monetario Internacional.

La publicación del "acuerdo" marcaba el inicio de las acciones que, como en el 2002, incluía la participación de un reducido grupo de oficiales de la Aviación Militar y civiles, con respaldo del Gobierno de Estados Unidos

El objetivo era atacar con un avión Tucano, traído de afuera del país y al que iban a identificar con siglas venezolanas, los actos de conmemoración de la Batalla de la Victoria y, al mismo tiempo, reactivarían las guarimbas en Caracas y otras ciudades del país.

Además, se tenía planteado grabar un video del general de brigada de la Aviación Oswaldo Hernández Sánchez, alias El Oso, quien estuvo implicado en el intento golpista de 2014, por lo que está detenido.

El plan también incluía el bombardeo de la sede de la presidencia de la República, el Ministerio del Popular para la Defensa, el canal Telesur, la sede de la Fiscalía y del Poder Electoral. Todas ubicadas en Caracas y cercanas a zonas residenciales de la capital.

Para ese entonces, el dirigente revolucionario Elías Jaua denunció que la derecha había planificado el plan más cruento de todos los que ha perpetrado los últimos 13 años.

"Estaba en juego la vida de centenares de hombres y mujeres, que iban a ser ametrallados, acribillados por estos golpistas, que intentaban sobrevolar aviones sobre la ciudad de Caracas", señaló Jaua.

Como en años anteriores, el plan fue derrotado, esta vez con apoyo de militares patriotas que dieron el alerta a los organismos de seguridad del Estado que, junto al Gobierno nacional, desmontaron el golpe.

El 12 de febrero de este año, al anunciar la desarticulación del plan, el Presidente Nicolás Maduro destacó la fuerza moral del pueblo venezolano y la unión cívico militar, base y fortaleza de la Revolución Bolivariana.

Llamó a mantener la moral en alto y el alerta para derribar, como ha sido por años, a una derecha sin proyecto, interesada en asaltar el poder político para hacerse con las riquezas venezolanas.

"Más nunca en la historia nos dejaremos llevar por el camino de la violencia, porque los torturadores de ayer son los golpistas de hoy, los que nos masacraron por décadas", recordó el 24 de febrero de este año.

Saymari Silva
AVN

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