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viernes, 12 de diciembre de 2014

El Imperio inquisidor retoma el poder. Caída de la II República de Venezuela

El 11 de diciembre de 1814 el ejército español extermina a las tropas independentistas y cae la Segunda República de Venezuela en la batalla de Maturín

Caracas, diciembre 2014. Voz Proletaria, VP.- Un poderoso ejército imperial al mando del brigadier español, Francisco Tomás Morales, tiene encargada la misión de exterminar las tropas republicanas que huían desesperadamente hacia el oriente del país luego de sufrir una serie de derrotas de gran magnitud. La II República, proclamada en agosto de 1813 se encontraba al borde del abismo. Los llaneros al mando de José Tomás Boves, luchaban contra los intereses de su propio pueblo e infringían grandes daños a Venezuela como nación independiente. 

A mediados de mayo de 1813, las fuerzas revolucionarias, al mando del líder rebelde Simón Bolívar, de 30 años, entran en Venezuela y obtienen un triunfo tras otro en lo que denominaron la “Campaña admirable”. Esta campaña, acompañada de un temible decreto de “Guerra a muerte”, sembraba el pánico entre los ejércitos españoles y quienes los respaldaban. 

La Batalla de los Horcones, en el estado Lara, es el último obstáculo serio de los republicanos en su camino a Caracas, la cual, el 6 de agosto de ese mismo año, es ocupada por los independentistas, quienes proclaman la Segunda República. 

Al mismo tiempo, en el Oriente del país, otro líder rebelde de nombre Santiago Mariño, comandaba un poderoso ejército revolucionario que logra triunfos contundentes en la captura de Maturín; derrota al experimentado mariscal Monteverde y ocupa Cumaná y por último, el 19 de agosto, entra triunfante en Barcelona. La Segunda República era un hecho. Otros líderes revolucionarios que no podemos dejar de nombrar fueron José Félix Ríbas, Rafael Urdaneta, Vicente Campo Elías, Atanacio Girardot y Antonio Ricaurte, quienes se destacaron por grandes muestras de heroísmo en el campo de batalla. Otros nuevos republicanos destacaban, como el brillante joven de 18 años Antonio José de Sucre, futuro vencedor en Ayacucho. 

A pesar de esto, las fuerzas feudales y oscurantistas del imperio español prepararon la respuesta. Bajo el lema “Plus ultra” (más allá) y “por la patria, la religión y el rey”, José Tomás Boves comienza la resistencia en febrero de 1814, apenas seis meses después de la proclamación de la República. 

En adelante, la superioridad de los realistas fue evidente en casi todas las batallas, a excepción de La Victoria y otras, donde fueron derrotados por los republicanos. 

El victorioso avance de las fuerzas oscurantistas del imperio inquisidor en 1814, se debe a varios factores. El principal de ellos, fue el carácter poco progresista y antipopular de la burguesía mantuana, quienes, a pesar de ser una fuerza revolucionaria de avanzada, que buscaba deponer el dominio de un imperio feudal, no supo poner de su lado a las masas campesinas. 

Así pues, los republicanos tenían un doble carácter: Frente al imperio oscurantista, se presentaban como revolucionarios; pero ante las masas campesinas y trabajadoras del país, se presentaban como conservadores y explotadores. Esta fue la diferencia entre el movimiento independentista de Venezuela en la Segunda República y la Revolución francesa de 1789. En Francia, la burguesía revolucionaria mantuvo el carácter progresista, tanto frente a los feudales y el clero, como frente a las masas populares que la apoyaron consecuentemente. Posteriormente, Bolívar y los republicanos aprenderían esta lección de la historia y de la lucha de clases que les costó muy cara en 1814. 

El imperio español por su parte, capitalizó esta debilidad de los líderes republicanos y utilizó a un asturiano de procedencia rural con notable influencia entre las masas populares que le respetaban y consideraban un padre, se trataba de José Tomás Boves. 

Con grandes conocimientos anticipados sobre la lucha de clases contra la burguesía, Boves agitaba y denunciaba la explotación de las masas populares por parte de la oligarquía y los mantuanos, es decir, su retórica populista se dirigía contra la nueva clase opresora que florecía al amparo de la joven república burguesa, pero en la práctica, Boves, buscaba enterrar nuevamente las garras feudales de la colonia en Venezuela y para ello, usaba a las masas que le seguían fielmente. 

El temible ejército de Boves, conocido como “Legión infernal”, estaba compuesto por las clases bajas y explotadas, quienes manipuladas, creían luchar por la libertad y contra los abusos de la burguesía, cuando en realidad luchaban contra el progreso hacia un nuevo régimen de relaciones de producción más avanzado y contra la liberación nacional y la independencia del país. En líneas generales, el ejército de Boves era un ejército reaccionario al servicio del imperio inquisidor y colonialista de España. 

El ejército de Boves, no estaba compuesto sólamente de trabajadores, sino también de un lumpen que variaba desde asesinos, violadores, estafadores y delincuentes de todo tipo que eran liberados de los calabozos o que simplemente buscaban fortuna en medio de los saqueos y el pillaje en los pueblos y las ciudades arrasadas. Estos residuos en descomposición, o lumpen de la sociedad feudal, eran, si no la columna vertebral, una de los brazos más fuertes del ejército realista. 

A este respecto, el notable historiador Eduardo Blanco narra: “Componíase este ejército, casi en su totalidad, de rudos moradores de nuestras llanuras, por entonces completamente salvajes; de esclavos, que blasfemando de la revolución que rompía sus cadenas, corrían desatentados a degollar a sus libertadores; y de esa masa flotante, torpe, viciosa, hambrienta de botín, que se adhiere a todas las causas, medra con todas ellas, y asiste como los cuervos al horrible festín de las batallas, para hartarse de sangre, no importa cuál sea la arteria que la vierta.” (Venezuela Heroica. Pág. 32) 

Otro historiador de renombre, Augusto Mijares, señala que “…(Boves) no tuvo reparos desde el principio en estimular los excesos de las semisalvajes hordas que acaudillaba, y con ferocidad sin igual se entregó a saquear, asesinar y torturar en las indefensas poblaciones que fueron el primer escenario de sus correrías.” (El Libertador. Pág. 379) 

Aunque algunos historiadores contemporáneos califiquen a las huestes de Boves como “revolucionarias” apelando a su carácter de clase frente a los mantuanos y a la oligarquía criolla, ese punto de vista no es correcto desde la óptica histórica y científica, pues se debe analizar cuál de las dos fuerzas luchaba por eternizar el sistema feudal de la colonia y cuál luchaba por pasar a un nuevo sistema republicano más avanzado bajo las condiciones de esa época determinada. 

Otro factor de gran peso en la caída de la Segunda República, fue la propaganda. La Iglesia Católica, fue la principal arma ideológica y de difusión contra el movimiento independentista en general. Una ardua lucha militante comprometida con los intereses del yugo de España, era característica de los sacerdotes, obispos, monjas, etc., que tenían el monopolio de la imprenta y el papel, así como el dominio sobre la inmensa mayoría del pueblo, sumergido en la ignorancia y el misticismo. En la lucha ideológica, la joven República no pudo hacer frente a la maquinaria inquisidora, la poderosa Iglesia católica, acostumbrada a manipular, asesinar, amenazar y mentir desde Constantino hasta nuestros días. 

Así pues, las sucesivas derrotas republicanas, fueron acompañadas de la ocupación de las ciudades y pueblos donde los llaneros, al servicio del ejército del imperio inquisidor cometieron verdaderas atrocidades. Nada más en la Caracas desguarnecida, comenta Eduardo Blanco, Boves envió al general González con dos mil hombres y por los Valles del Tuy otro contingente comandado por “un malhechor de apellido Machado”. Bolívar y las pocas tropas republicanas huyen de Caracas hacia Barcelona, seguidos por veinte mil personas de todas las edades y sexos aterrorizados por la barbarie que les esperaba. 

En efecto, las huestes de Boves arrasaron Caracas y asesinaron a casi la totalidad de la población que no pudo huir con Bolívar. A unos los asesinaron por colaborar con la República, a otros por haber permitido que la misma se instaurara. 

Un jefe de brigada español, Antonio Zuazola, cuenta en sus memorias: “Hombres y mujeres, ancianos y niños fueron desorejados o desollados vivos. A quienes hacía quitar la cutis de los pies y caminar sobre cascos de vidrios o guijarros; a quienes hacía mutilar de uno o dos miembros o de las facciones del rostro, haciendo mofa después de su fealdad; a quienes mandaba a coser espalda con espalda. No siempre eran unos mismos los suplicios: variábalos y combinábalos de mil maneras para procurarse el gusto de la novedad. Nuestro feroz asturiano obtuvo con el motivo de sus crueldades numerosas felicitaciones de su majestad…” (Memorias de Antonio Zuazola. Pág 35). 

Desmoralizados, diezmados y aplastados, los ejércitos revolucionarios huyeron hasta el Oriente, Bolívar pasa a la clandestinidad y más tarde al exilio, Boves muere en la batalla de Úrica y su lugar lo ocupó Francisco Tomás Morales, quién se encargó de dar el golpe de gracia a la Segunda República en la Quinta batalla de Maturín el 11 de diciembre de 1814. 

De esta manera se inauguraba una nueva época de terror colonial, donde el imperio inquisidor cometió fechorías inenarrables en nuestra nación y castigó terriblemente a todos aquellos que osaron ir en contra del mandato de dios y del rey. 

Extraído de Voz Proletaria Nº 95.

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