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lunes, 26 de mayo de 2014

Hace 52 años la Digepol lanzó desde un cuarto piso al revolucionario José Gregorio Rodríguez

Caracas, mayo de 2014. Voz Proletaria.- El revolucionario José Gregorio Rodríguez fue arrestado junto a su esposa el 25 de mayo de 1962, y una vez detenido recibió culetazos, golpes y torturas, por parte de efectivos de la Dirección General de Policía (Digepol, cuerpo que antecedió a la Disip), quienes así pusieron fin a su vida un día después.

Este lunes se cumplen 52 años del crimen contra Rodríguez, una de las víctimas de la represión política que caracterizó a los gobiernos de la llamada democracia representativa, periodo que arrancó con Rómulo Betancourt en 1959.

José Gregorio Rodríguez, “fue detenido por la Digepol, torturado delante de su esposa y dos hijos también detenidos”, refiere el libro Desaparición Forzada, autoría de Yahvé Álvarez y Oscar Battaglini.

El citado texto narra, que Rodríguez, quien fuera militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV) fue “posteriormente lanzado desde un cuarto piso por la ventana”.

En el libro Expediente negro, escrito por el abogado y periodista José Vicente Rangel, se cita este homicidio en tiempos en que Carlos Andrés Pérez fue diputado y posteriormente Ministro de Relaciones Interiores.

Rangel, quien en el libro denuncia los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por los gobiernos de la IV República, señala: “Los casos son numerosos y de variado género. La muerte por estrangulamiento-seguramente que si Carlos Andrés Pérez estuviera en este debate diría que se trata de otro “suicidio involuntario”, como dijo cuando murió José Gregorio Rodríguez, el año 63, en las despendencias de la Dirección General de Policía (…)”.

En un trabajo publicado por la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), el 25 de mayo de 2012 el dirigente del Partido Comunista de Venezuela, y quien en vida fuera presidente de la referida tolda, Jerónimo Carrera, recordó que José Gregorio Rodríguez cumplía labores muy importantes en aquel momento, que básicamente consistían en la distribución de la propaganda política.

"Él visitaba los organismos del partido en las distintas zonas para traer propaganda, material impreso, que nos entregaba, era un camarada modesto, sencillo, un obrero", expresó.

Un crimen que trascendió a la literatura

En la novela Cuando quiero llorar no lloro, escrita por el reconocido periodista y novelista venezolano, Miguel Otero Silva en 1970, el autor hace una comparación entre la muerte de uno de los personajes de la novela, Victorino Perdomo con el “suicidio” de José Gregorio Rodríguez.

Narra Otero Silva en la novela: "Independientemente de las lesiones que, al decir de los médicos legistas, determinaron la muerte del ciudadano Victorino Perdomo, el examen postmortem arroja las siguientes evidencias: a) traumas múltiples; b) fractura de la primera costilla izquierda; c) ruptura del hígado y del riñón derecho; d) innumerables contusiones con equimosis en las partes blandas del abdomen y del hemitórax derecho; e) múltiples escoriaciones en el abdomen, tórax y extremidades superiores; f) equimosis subpleurales (lado derecho) y subepicardias; g) dilatación de la vejiga y contenido de orina hemorrágica; y h) escoriación semicircular en la cara interna, anterior y posterior del antebrazo”.

Agrega luego: “"Determinar si el occiso voluntariamente saltó por la ventana del cuarto piso, como lo aseveran las declaraciones del señor Ministro del Interior, o si fue empujado por terceros, en cuyo caso se trataría de un homicidio, es cuestión que por carencia de elementos probatorios, escapa a la posibilidad de conclusión de esta Comisión”.

Señala Otero Silva en su narración que “Es indudable que la versión del suicidio, tomada consideración de las condiciones en que se encontraba el occiso, "esposado con las manos hacia atrás" momentos antes de producirse su muerte, así como la ubicación y altura del alféizar de la ventana por la que dicen se lanzó, y algunas otras circunstancias más, hacen dudosa la versión del suicidio. Pero, la seriedad de este dictamen obliga a una cabal apreciación de las pruebas y, como en el derecho común, a atenerse a lo alegado y probado en los autos, sin poder sacar conclusiones fuera del expediente".

Continua describiendo el escritor: “Dice el último párrafo del informe: "La presencia de orina hemorrágica en la vejiga, sin haber alteraciones en la pelvis, como expresamente lo establece la autopsia, indica que los riñones estuvieron filtrando hacia la vejiga y arrastrando sangre hacia ella, antes de la muerte. Si las lesiones renales acusadas en la autopsia hubieran sido causadas en la caída, no se habría encontrado sangre en la vejiga, porque los glomérulos no producen esta función de filtración sino cuando están sometidos a presión sanguínea. Por estas razones, la Comisión considera que Victorino Perdomo fue sometido, en época anterior a su muerte, a violentos procedimientos de fuerza que configuran, sin lugar a discusión, insólitos procedimientos de tortura".

Finaliza Otero Silva la comparación con el siguiente párrafo: “Se repetía en la carne y en los huesos de Victorino Perdomo, detalle por detalle, golpe por golpe, la pasión y muerte de José Gregorio Rodríguez, sucesos estos ocurridos en la misma ciudad de Caracas cuatro años antes, durante la noche del 26 de mayo de 1962, mientras el mencionado José Gregorio

Rodríguez permanecía, en calidad de detenido político, en las oficinas de la Dirección General de Policía, Digepol. Hay ligeras diferencias, sin embargo. Victorino Perdomo acababa de cumplir 18 años. José Gregorio Rodríguez, en cambio, tenía 35, dejó cuatro hijos huérfanos y no era un personaje de novela”.

AVN

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