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viernes, 11 de abril de 2014

11-A: Uniformado y con la frente en alto Chávez resistió los embates de la traición

Comandante Hugo Chávez, Comandante EternoCaracas, abril 2014. Voz Proletaria.- “Preguntó el Comandante Chávez: ¿cómo me debo ir vestido, como civil o como militar? Todos le recomendamos que como militar, porque era una crisis político – militar. Y se puso la boina roja, tomando en cuenta que es un símbolo sembrado en el corazón del pueblo”.

Así recuerda el coordinador del partido REDES, Juan Barreto, los acontecimientos que se vivieron dentro del Palacio de Miraflores, antes de que se llevarán al presidente, Hugo Chávez, quienes perpetraron el Golpe de Estado el 11 de abril de 2002. Para la fecha Barreto se desempeñaba como diputado a la Asamblea Nacional y también era asesor de imagen del Comandante.



“El Presidente muy entero nos abrazó y nos pidió que lo dejáramos solo, porque iba a vestirse y a reflexionar. Salimos de su despacho con lágrimas en los ojos y con el guáramo entristecido”, expresó Barreto, al tiempo que señaló que el Comandante Chávez había decidido medir la valentía de quienes eligieron mancillar el honor de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

“Me voy a entregar, le voy a poner una papa caliente en las manos, para ver qué van a hacer conmigo. ¿Me van a pegar un tiro?, ¿Me van a matar? ¿me van a enjuiciar? Si me enjuician pierden, porque tenemos elementos de convicción. ¿Quiénes me van a juzgar? Gente que estudió conmigo, que jugaron béisbol conmigo”, palabras textuales del presidente Chávez que quedaron grabadas en la mente de Barreto.


El coordinador de REDES destacó el carácter sobrio del comandante Chávez al referirse a los traidores, minutos antes de entregarse por su pueblo: “Qué me va a decir Vásquez Velazco que yo lo promoví hace tres meses a la Comandancia del Ejército, después de que nadie lo quería”.

El honor militar del presidente Chávez quedó plasmado al momento de su entrega el 11 de abril. El periodista, Ernesto Villegas, lo describe de forma magistral en su libro: Abril, golpe adentro “Uniforme de campaña, botas negras y boina roja, pistola en su funda y fusil a mano. Chávez está vestido igual a ese otro, 10 años más joven, que se dio a conocer al mundo el 4F de 1992”.

Chávez dice que no ha renunciado

“Al Presidente lo despedimos esa noche llorando, él se mantuvo fuerte. Se despidió de nosotros, uno por uno. A mí me dijo que era una mujer valiente. De Miraflores salimos a buscar qué conexiones hacíamos para dejar claro que se estaba dando un Golpe de Estado, porque el presidente Chávez nunca renunció ese 11 de abril, ni firmó ninguna renuncia: siempre inmolándose por su pueblo”.

Con esas palabras rememora la actual diputada al Parlatino, Ana Elisa Osorio, el momento del Golpe de Estado de abril del 2002, aquellos días la parlamentaría fungía como Ministra para el Ambiente y se encontraba dentro del Palacio de Gobierno.


“Nos quedamos como 50 personas en Miraflores, cuando el Presidente sale, como a las 3 o 4 de la mañana. Estábamos buena parte del Gabinete, no todos, Usón (Francisco) ya había saltado la talanquera, vimos cómo le había presentado en la tarde la renuncia al Presidente”, acotó Osorio.

Se quitan las caretas los traidores

La renuncia, el 11-A, del general Francisco Usón, ministro para Finanzas fue solo el preludio de nuevas traiciones dentro del Alto Mando Militar que se dejó seducir por la burguesía y los empresarios financiados por el norte, quienes arremetieron contra la institucionalidad de Venezuela.


“La noche anterior nos reunimos con el Comandante Chávez y el Alto Mando, político y militar en Miraflores. En este acto estaba Rosendo (Manuel) quien decía que la oposición no iba a llegar al palacio, por el resguardo del Plan Ávila”, argumentó Osorio.

El general, Manuel Rosendo, era comandante del Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional (Cufan) y no activó el plan para restituir el orden público. La diputada Osorio refiere que nunca se activó “por la conspiración de Rosendo y el Alto Mando quienes efectivamente sabían lo que estaba pasando”.


“El gran temor que teníamos era que asesinaran al Presidente. Porque Chávez vivo, aunque estuviera preso, significaba una amenaza para la derecha. Sentíamos mucho dolor e impotencia de no poder hacer nada. No teníamos una organización mínima, no sabíamos cómo iba a responder el pueblo, era mucha incertidumbre”, señaló Osorio.

Uniformado y con la frente en alto salió el Presidente del Palacio de Miraflores. Los funcionarios de su gobierno, dirigentes revolucionarios y sus padres, le cantaron con una honda tristeza, el Himno Nacional, recuerda Juan Barreto a quien en ese momento Chávez le respondió: “No hagan eso, ya yo vengo, no me estoy yendo”.


El día 11-A había llegado a su fin en el calendario y en presencia de la madrugada del 12 a las 3:55 a.m, sale prácticamente secuestrado por los generales disidentes el Comandante Chávez, quien antes de salir señala a viva voz: “No he renunciado, soy un Presidente prisionero”.

Dentro de Fuerte Tiuna

En el Fuerte Tiuna esperaban a Chávez, además de generales y almirantes disidentes, el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor, Baltazar Porras y su secretario general, José Luis Azuaje.


Los traidores tenían la papa caliente en sus manos como había visualizado horas antes el Comandante. Querían obligarlo a firmar un formato de renuncia que tenían ya redactado, que habían mandado por fax a Miraflores y que ahora estaba dentro de la Comandancia General del Ejército.

Contó Chávez en entrevista concedida en 2007 a José Vicente Rangel que la decisión de ir al Fuerte Tiuna la tomó vistiéndose con su uniforme de campaña. “Recuerdo que cuando me vi en el espejo me puse mi boina y recordé a Fidel cuando me dijo que los momentos al filo de la vida y la muerte son los que demuestran si se es líder o no”, narró a Rangel.


“En fin, es la inmortalidad hecha uniforme militar. Ese día, yo fui a comprobar, y te digo que desde el primer momento vi los ojos de los traidores, de los cobardes que querían matarme ahí mismo; y vi por allá los ojos de un soldado, los de un teniente y los de un capitán que me llevó a una habitación y me dio una piedra y me dijo: frótela, que eso le dará fuerza. No se preocupe”, respondió Chávez en la misma entrevista con JVR al hablar sobre la contradicción que se generó con su presencia en el Fuerte Tiuna.

En el libro de Villegas: Abril Golpe Adentro hay una anécdota, a propósito de la estampa de respeto que generó el presidente Chávez uniformado, descrita por el vicealmirante Bernabé Carrero Cuberos que estaba junto al Alto Mando Militar reunido en la comandancia del ejército “en versión de Carrero Cuberos, el contralmirante Daniel Comisso Urdaneta, con mucha prepotencia le dijo a Chávez: teniente coronel, quítese ese uniforme”.


Mientras el Comandante Chávez estaba detenido en el Fuerte Tiuna comenzó el Poder Popular a exigir la presencia del Mandatario Nacional que fue elegido constitucionalmente por un pueblo que comenzó a gritar a viva voz el 12 de abril: “no ha renunciado, lo tienen secuestrado”. Uniformados leales y el Soberano estaban gestando un memorable rescate que se materializaría el 13-A.

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